La era de lo impensable

Publicado en El País el 12 de enero de 2021

El comienzo de año ha sido movidito. Los malos datos sanitarios después de las fiestas se han generalizado en el mundo occidental. La tercera ola de la pandemia, con cepas nuevas del virus incluidas,  está ejerciendo mucha presión nuevamente en el sistema hospitalario. Están siendo necesarias nuevas medidas restrictivas que van a afectar a la economía. En particular, a la hostelería y comercio. Va a llover sobre mojado para muchas empresas. No va a ser suficiente con medidas de liquidez. Los apoyos de solvencia, e incluso ayudas directas, serán necesarios. La vacuna puede mejorar las perspectivas económicas en unos meses, pero, en el corto plazo, la situación es muy preocupante. Para muchas empresas, agónica. 

Curiosamente los mercados financieros han comenzado 2021 al alza. No parecen verse afectados por el ruido exterior, sobre todo por el suceso, inimaginable hasta hace poco, del miércoles pasado con el ataque al Capitolio estadounidense. En 20 años de este siglo hemos vivido el 11 de septiembre -junto a otros ataques terroristas, incluido nuestro país-, una grave crisis financiera, una pandemia y ahora una insurrección en toda regla en la primera democracia del mundo. Este acontecimiento culmina malamente una desgraciada presidencia en ese país. Lo más preocupante es lo que pueda venir después allí y en otros lugares por imitación. La inestabilidad política genera las peores consecuencias financieras normalmente. En países vulnerables incluso conllevan salida de capitales. Y deteriora las expectativas de inversión y consumo. La estabilidad política es un pilar fundamental del sistema económico. Lo más urgente pasa porque haya una transición fluida a la administración Biden, en la que tantas esperanzas hay. Ya crea suficientes dificultades la pandemia. No obstante, en Estados Unidos y más allá, parece aún más importante mantener la paz social. Con empatía, confianza y apoyos públicos donde sea necesario. No puede crecer la desigualdad ni las tensiones sociales, donde también hay que actuar por delante de la curva. Calibrar cómo será el panorama social en unos meses, cuando lo peor sanitariamente haya pasado, pero, en lo económico estemos tocando fondo. Habrá muchas necesidades que cubrir. Si esperamos demasiado tiempo, no nos antepondremos a los problemas. Anecdóticamente (todo suma), así ha ocurrido con la reciente subida de los precios de la luz.

En esta era de lo impensable, también las referencias monetarias y financieras saltan por los aires. La fortísima apreciación del bitcoin es una de las grandes paradojas. Ante la falta de instrumentos financieros que ofrezcan rentabilidades razonables, ha surgido el interés por esta criptomoneda en un mundo con cada vez menos reglas y patrones. Todos hablan del bitcoin como refugio y se sugiere por casas de análisis prestigiosas que puede superar los 100 mil dólares. Los economistas tenemos dificultades para entender las razones de esa valoración, más allá de la especulación y el creciente interés de inversores institucionales. Por eso nos preocupa. Lo que es cierto es que la economía y los mercados, cada vez más, deben gestionar lo inesperado e impensable y parece que hasta el momento, no lo han hecho mal del todo. Que dure.

Cuesta de enero

Publicado en El País el 5 de enero de 2021

El cambio de año y primeros minutos de 2021 estuvieron marcados, en el ámbito televisivo, por las palabras emotivas y llenas de dignidad de Ana García Obregón. En escasos 20 minutos se sintetizaron gran parte de los sentimientos de muchas personas. Aunque hay muchos elementos que las distancian, me recordaron a las palabras de la canciller alemana, Angela Merkel, el mes pasado, cuando señaló a su pueblo las grandes dificultades que se vienen encima. Ha faltado hasta ahora mucha empatía en los responsables públicos. En España se ha echado en falta además una planificación y gestión más eficaz en la terrible crisis sanitaria y económica. Los políticos han priorizado a menudo las batallas por el relato y sus problemas por encima de poner toda la carne en el asador para mejorar un desdichado manejo de la pandemia. No es nuevo.

La historia parece apuntar a que España gestiona solamente regular las crisis. Como referencia, las tres últimas. En la de 1973, el Gobierno creyó que el aumento de precios del petróleo duraría poco. En la de 2008, se pensó que nuestro sistema financiero no era vulnerable ante la mayor burbuja inmobiliaria de la historia. En la actual, la hipótesis inicial era que teníamos el mejor sistema sanitario del mundo, que se podría con todo. Las consecuencias fueron respuestas tardías e insuficientes.

En enero de 2021 hay algo de esperanza a medio plazo porque ya se está vacunando. Hay una avalancha de fondos europeos en ciernes y confiamos en que lo peor haya pasado. Sin embargo, queda mucho por hacer. Por ejemplo, evitar que la típica cuesta con que se conoce este mes se convierta en un obstáculo insalvable para nuestro sistema sanitario y nuestra economía. Es un momento clave. Primero, para ver los efectos de las vacaciones de Navidad y Año Nuevo sobre los contagios e ingresos hospitalarios tras una gestión descoordinada entre comunidades autónomas y comportamientos inadecuados de parte de la población. Si la tercera ola es nuevamente grave, se habrá perdido también buena parte del terreno de la recuperación económica de este ejercicio. Si el panorama no está despejado en primavera, nuestro país no podrá tener la (relativa) normalización económica deseada en 2021.

Un gran parte de nuestro valor añadido se genera en actividades de contacto personal, como el turismo, por lo que además España debe ser al menos tan eficaz como el mejor en la vacunación. Por ahora hay poca información precisa sobre plazos y grupos a vacunar, lo que genera excesiva incertidumbre. Con el mensaje de que estamos siguiendo lo dictado por la Unión Europea se justifica de modo conformista la inexistencia de una clara hoja de ruta propia del proceso de inmunización.

Muchos países ya han vacunado a porcentajes significativos de la población. Con urgencia, hay que acercarnos a esas mejores prácticas para evitar nuevas tensiones hospitalarias y mayores pérdidas a la economía. Se precisan certezas, generación de confianza en nuestro entorno y una amplia mayoría de la población vacunada a mitad de año. Para ello, estas primeras semanas del año serán determinantes.