Otra final para la Eurozona

Publicado en El País el 29 de noviembre de 2016

Este año será recordado como el de los referéndos y votaciones sorprendentes. Algunos como el que dio paso al Brexit o la elección de Trump tuvieron un impacto inmediato desigual en los mercados pero han sido recibidos con una aparente calma una vez pasada la estupefacción inicial. No se han podido desprender, no obstante, de un aire de incertidumbre que en el caso de Reino Unido se refiere a qué ocurrirá cuando se produzca la verdadera activación de la salida de la UE y en el del presidente de EE UU a la incógnita sobre si sus decisiones serán tan desacertadas como se esperaba. La siguiente de las citas electorales que puede producir sorpresa es el referéndum del próximo domingo en Italia sobre la reforma constitucional.

Desde antes de la crisis, vengo recogiendo opiniones —para mí muy autorizadas e informadas— que sugieren que el verdadero riesgo para Europa está en Italia. Es un país menguante en su riqueza que bloquea, una y otra vez, cualquier intento de reforma, con una estructura política tan fragmentada que hace milagro cualquier acuerdo parlamentario. Además, la bota italiana se ha estirado demasiado. El país se parte en dos, con un sur muy distante en su nivel de vida, sentimiento político y percepción de la realidad del norte. El sentimiento nacionalista se ha exacerbado y en Italia lo hace con sensibilidades muy distintas. Lejos están aquellas celebraciones patrióticas de las primeras óperas verdianas de quienes aspiraban a una Italia unida. El “viva VERDI” que, en realidad significaba “Viva Vittorio Emanuele, Rey De Italia”.

El problema económico que implica el referéndum de Renzi es que no se ha configurado como una consulta sobre las reformas sino como una moción de confianza al propio primer ministro. Si Renzi se viera obligado a dimitir, un adelanto de las elecciones podría alzar al poder a cualquiera de los partidos de la oposición (todos ellos, en un grado u otro, contrarios a la pertenencia de Italia a la Unión Monetaria). El aderezo es una crisis bancaria de dimensiones considerables cuya evidencia sale ya hace tiempo de forma aparatosa por debajo de la alfombra política. Para los que aspiran a hundir al euro, una nueva oportunidad. Otra final. De ahí las alertas recientes del BCE sobre una posible convulsión en los mercados tras el 4 de diciembre. El banco central probablemente actuará si es preciso redoblando su apoyo al bono italiano cuya rentabilidad ha aumentado en las últimas semanas. Cuatro días después del referéndum (8 de diciembre) está prevista una reunión del Consejo del BCE, donde podrían tomarse nuevas medidas.

Hay todavía espacio para evitar la alarma en los mercados. Renzi, a pesar de haberlo convertido en apuesta personal, no tendría por qué dejar su cargo. Un sustituto solvente, si fuera el caso, también podría proporcionar algo de la continuidad política que Italia precisa. Unas elecciones adelantadas en medio de una eclosión de la crisis bancaria serían el peor escenario. Después, llegará el caso de Francia, no menos apasionante. De final en final.

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