El último gran paso de la reestructuración financiera

Publicado en Cinco Días el 8 de junio de 2017

Ayer se cerraba la última página de la historia de Banco Popular, absorbido de urgencia por Santander. Muchos accionistas y tenedores de bonos han perdido su inversión, pero, desde el punto de vista del conjunto del sistema, se ha absorbido el shock y se ha llegado a la mejor solución posible, dadas las circunstancias. Se puede discutir sobre la viabilidad última y valor de franquicia de Popular (que lo hay, con una gran base de clientes), pero las acciones de la entidad cayeron presa de la fatalidad que se genera cuando la situación del balance no se aclara en tiempo y forma de manera satisfactoria.

El marco actual de la supervisión financiera en Europa es una suerte de relativa coordinación entre el mecanismo único que se gestiona desde Fráncfort y las autoridades nacionales. Y, en términos muy simples, la idea de la nueva resolución bancaria europea (en marcha desde comienzos de 2016) es que, en caso de problemas de viabilidad y/o solvencia, asuman pérdidas accionistas y bonistas antes de que el Estado ponga un euro. Se toca el bolsillo del inversor antes que el del contribuyente, algo que siempre ha tenido una lógica difícilmente rebatible, pero que no ha sido fácil aplicar en todos los países. El comunicado conjunto de la autoridad de resolución española (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, FROB) y de la europea (Fondo Único de Resolución, FUR) tiene tres elementos contundentes respecto a Popular: inviabilidad, asunción de pérdidas y venta.

 Se puede reflexionar sobre si esta situación se podría haber evitado. Está demostrado (la evidencia es contundente) que retrasar las acciones de valoración, transparencia y acción temprana solo hace que las pérdidas sean mayores. Popular pasó de ser motivo de preocupación a objeto de confusión creciente y, finalmente, presa de la especulación. Afortunadamente, el sector bancario español de hoy es lo que deseábamos que fuera tras la dura travesía que sufrieron las entidades financieras en toda Europa durante la crisis de deuda soberana. Hay músculo, gestión y visión para aplicar mecanismos de absorción de pérdidas y relanzar el valor de franquicia del extinto Popular bajo la propiedad de Santander.

Estos días se discutían diferentes opciones, pero el valor de la acción caía en picado. Desde luego, a España no se le pueden atribuir dudas en la aplicación de los mecanismos de bail-in(pérdidas para inversores antes que para depositantes o contribuyentes). Se impusieron como parte del programa de asistencia financiera en 2012 –cuando aún no eran parte de la regulación europea– y se han aplicado ahora en el marco de la nueva resolución bancaria única.

El azar o la necesidad han hecho que la resolución de Popular coincida con la de Monte dei Paschi di Siena (MPS) en Italia. Dos procesos muy distintos en tiempo, forma y repercusiones. El español, contundente, bajo las normas europeas y con el resto del sector saneado y progresando en rentabilidad y solvencia. El italiano, confuso y enormemente condicionado por factores políticos y por la debilidad del conjunto de la banca italiana, en un entorno macroeconómico y financiero deprimente.

Considero que la mejor noticia para el sector bancario español es que con esta absorción parecen despejarse las últimas dudas, algo que pocos países pueden afirmar hoy en Europa.

Una de las diferencias más evidentes respecto a Italia es que en España primero se aplicó el bail-in y luego se depuraron las responsabilidades sobre la distribución de bonos entre minoristas por vías privada, judicial y de arbitraje. En el caso italiano, se han impuesto (solo aparentemente) pérdidas a los inversores pero ya se ha previsto, de partida, que el propio MPS las compensará en buena parte. Por supuesto, tras recibir fondos públicos, lo que es un claro vaso comunicante entre el dinero público y la indemnización a inversores privados. Un rescate disfrazado de bail-in.

Es bastante probable que la opción por la que se ha optado en Italia no sea otra cosa que un tapón en la hemorragia de una entidad que tiene escasos visos de éxito a largo plazo, para frenar el pánico sobre el resto de un sector italiano sobre el que persisten las dudas.

En España, el resto del sector había despejado esa incertidumbre y el riesgo de contagio estaba controlado, pero era precisamente por eso, para refrendarlo, que el último gran paso de la reestructuración y saneamiento del sector, el último foco de dudas, debía resolverse.

Claro que una de las grandes cuestiones pendientes es la gestión de los activos problemáticos de Popular. No es que estos activos no se conocieran, pero la forma de gestionarlos y su valoración exacta requerían más celeridad. Santander cuenta, sobradamente, con la capacidad para segregar y gestionar estos activos de forma adecuada y aprovechar todo el potencial que ofrece la clientela y recursos de Popular. La indigestión inmobiliaria de este último no debe confundirse con el valor de sus depositantes y prestatarios.

Ayer fue un día de malas noticias para sus inversores pero, probablemente, fue un día de alivio para la industria bancaria españolaporque cierra, definitivamente, el ciclo en el que se ha logrado el mayor ejercicio de transparencia aumentada (más allá de los ejercicios comunes de estrés) que se ha realizado en Europa.

Considero que esto beneficiará a los bancos españoles y al conjunto del país porque reforzará la visión sobre la calidad de los activos que ahora están en los balances. El reto de gestionar activos deteriorados es común a una eurozona donde, según el propio BCE, hay un billón de euros bajo esta categoría. En España ya se han segregado, provisionado y vendido buena parte de ellos. Los pendientes de sanear Popular tendrán el mismo destino.

La operación de absorción tiene dos características que se deben apreciar en cualquier contrato financiero: simplicidad y limpieza. Eso de que se vende “por un euro” es una proclama simbólica para absorber de un plumazo las pérdidas, segregar los activos y transmitir tranquilidad a depositantes. Santander ya ha demostrado en territorio nacional y en todo el mundo su capacidad para reestructurar y reorganizar.

Como no podía ser ya de otro modo, la entidad absorbida se integra en la marca Santander. El grupo alcanzará en España 17 millones de clientes. Tendrá una cuota de mercado en crédito del 20% y del 25% en pymes. Podría parecer un aspecto colateral en la nota de prensa emitida ayer por Santander pero, particularmente, me parece muy relevante: la entidad mantiene, con la absorción también, su voluntad de diversificar el negocio dando más ponderación al de pymes.

Si se reflexiona sobre el futuro del negocio bancario, todos los caminos llevan a dos soluciones: tecnología y negocio con empresas de tamaño mediano y reducido. Santander ofreció datos apreciables en una operación de estas características, entre los que cabe destacar, de cara a sus accionistas, tres. El primero, no es preciso modificar el plan estratégico de la entidad. El segundo, se espera que la operación genere un retorno del 13%-14% en 2020. Y el tercero, muy importante, las sinergias en coste habituales en las adquisiciones, que se estiman en 500 millones de euros anuales a partir de 2020.

¿Cómo puede gestionarse un volumen elevado de activos deteriorados sin modificar la calidad del activo y la solvencia de Santander? El banco dotará 7.900 millones de euros de provisiones adicionales para activos improductivos, lo que elevará su nivel de cobertura del riesgo de actividad inmobiliaria del 45% al 69%. Además, se ampliará capital en 7.000 millones de euros, lo que permitirá mantener el objetivo de superar una ratio de recursos propios de la mayor calidad (CET1) del 11% en 2018.

En España, aún será preciso que la sociedad de gestión Sareb y otras entidades financieras sigan dando salida a activos deteriorados, pero el perímetro de estas acciones está ya delimitado. También será necesario que se completen los procesos de privatización de entidades nacionalizadas y de acceso al mercado de otras, cuestiones que se están realizando con apreciable prudencia y responsabilidad.

Pero lo ocurrido con Popular deja la sensación de último gran paso hacia la transparencia para abrir un nuevo capítulo en el sector bancario español. La crisis ha dejado atrás a entidades bancarias históricas en todo el mundo. Lo importante es que hayamos podido aprender más sobre cómo proteger al depositante y al contribuyente.

Santiago Carbó Valverde es catedrático de Economía de Cunef y director de estudios financieros de Funcas.

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