Coches eléctricos

Publicado en El País el 24 de octubre de 2017

Es una de las muertes más inspiradoras del cine. La despedida de la vida del replicante Batty en el primer Blade Runner. Las lágrimas de Rutger Hauer son un contrapunto a su propia existencia feroz. “He visto cosas que no creeríais…”. En aquella película de 1982 se imaginaba un 2019 distópico en el que, sin embargo, se veían coches volar ¿Puede un automóvil ser un elemento de inspiración social y de cambio?

Ahora vemos lo que está pasando en Cataluña, o en Reino Unido. Y otras muchas cosas que no creeríamos si alguien nos las hubiera contado hace años. Merece la pena tomar aire y pensar en otras que, aunque con menor urgencia informativa, pueden servirnos para crear un mundo mejor.

En estas innovaciones que resulta difícil aprehender en un término tan limitado como “digitalización”, los vehículos eléctricos son particularmente apasionantes. Nuevas relaciones productivas, laborales y sociales en las que, a veces, lo importante no es el producto o el servicio sino el canal o el soporte. La satisfacción no está ya en lo que disfrutamos sino en cómo lo hacemos. No se trata de los coches sino lo que los mueve. Dejarnos llevar por una conducción autónoma, más segura y libre de emisiones.

Una empresa propició cambios en los ordenadores personales hace cuarenta años y, tras múltiples vicisitudes, resurgió a la vanguardia para ofrecer bastante más que equipos de sobremesa. Muchos problemas en la producción, en la protección de patentes, en la salida al mercado pero… finalmente, el triunfo de una idea. Otra empresa lidera la tecnología para el vehículo eléctrico, pero ofrece sueños más allá de él. Trabajando para acelerar la transición global a energías sostenibles, muestra logros reales y la promesa de lo que puede venir “conducen” a una realidad sostenible y avanzada.

En una ciudad como París no habrá automóviles impulsados por gasoil circulando por los Campos Elíseos más allá de 2024 ni con gasolina después de 2030. En España se avanza con mucho retraso en este terreno, algo muy preocupante, con un porcentaje de matriculaciones relativamente reducido y con unos valores de contaminación en ciudad que sobrepasan los permitidos a escala europea. Es urgente revisar los incentivos para la promoción de vehículos de cero emisiones en nuestro país, como también revisar la fiscalidad del automóvil para desincentivar los vehículos más contaminantes.

Son cada vez más las marcas —aunque con desarrollo desigual— que se suman lentamente a la automoción eléctrica. La innovación se centra en la conducción autónoma y la seguridad en la circulación. La UE ultima, de hecho, un desarrollo normativo para favorecer algunas transformaciones —multiplicando, por ejemplo, los puntos de recarga— en el territorio comunitario.

Estas innovaciones conllevan una disrupción en el mercado trabajo donde habrá retos y oportunidades. Se trata de empresas que son factorías de ideas, con una tremenda integración vertical. Donde un fusible puede ser el tema de discusión o el problema que debe resolverse y en el que ponen su concentración cientos de mentes a la vez. Donde se comparte una esperanza.

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