Aquí está el potencial real de las criptomonedas

Publicado en Cinco Días el 22 de junio de 2018

La guerra comercial está servida. Con pretendida ironía uno se pregunta si hay algo de innovación en este primer gran enfrentamiento proteccionista poscrisis. ¿Pueden las criptodivisas irrumpir en la guerra cambiaria y ofrecer alternativas hasta ahora no consideradas? Tal vez sea una hipótesis de trabajo más que una posibilidad real en la actualidad. Sin embargo, ya ha habido episodios recientes que revelan que las criptomonedas pueden convertirse en una alternativa a las referencias tradicionales en diferentes ámbitos.

Aunque es difícil cuantificar su magnitud, hay movimientos geoestratégicos alrededor de las criptodivisas muy relevantes. Por ejemplo, pueden estar sirviendo a algunos Gobiernos para sortear bloqueos comerciales. El minado de bitcóin ha podido ser una de las posibles causas de la apertura diplomática de Corea del Norte, aunque esto difícilmente sea reconocido oficialmente. Otros casos similares son el del criptorrublo en Rusia, también para esquivar vetos internacionales. O los experimentos para el empleo de criptoyuán en China para articular un apoyo público a ciertos sectores industriales.

Con las criptodivisas sucede algo curioso en los mercados. Cuando la renta variable o la deuda experimentan fuertes vaivenes, monedas como el bitcóin permanecen estables. La versión criptográfica del dinero se vuelve, sin embargo, particularmente volátil ante declaraciones de reguladores y supervisores advirtiendo de sus riesgos. Así se muestra, entre otras tendencias, en un estudio que hemos realizado sobre la evolución y las tendencias de los criptomercados. Son muchas las ocasiones en que el valor de las criptodivisas no se mueve siguiendo los mismos fundamentales de mercado que las acciones y bonos. Esto no obvia algunos saltos que se producen en la estimación de su valor en su vertiente de inversión especulativa. Aun así, ha sucedido en diversas ocasiones que el valor del bitcóin no se ha resentido ante un shock en los mercados de divisas tradicionales. Por ejemplo, en algunos de los fuertes movimientos proteccionistas del Banco Central de China sobre el yuan en 2015. Afectaron al dólar, a las Bolsas, a la deuda y al oro… pero no al bitcóin.

Este tipo de situaciones ha engrosado el misticismo respecto a las criptomonedas como referencias neutrales. Una apreciación probablemente exagerada pero interesante. Seguramente muchos venezolanos hubieran optado hace años por invertir en bitcóins en lugar de mantener su riqueza y cobrar su renta en bolívares. Claro que neutral también significa en muchas ocasiones estar fuera del control regulatorio y supervisor. En la popular serie televisiva Billions es frecuente ver a los dudosamente reputados clientes del supergestor de fondos Bobby Axelrod recoger una memoria USB como respuesta a la petición “pay me in crypto”.

Algunas voces autorizadas –premios Nobel incluidos– alertan sobre esta confianza extendida en las criptomonedas y en la diversidad de sus usos. Consideran que se basa en un sistema de confianza que puede fácilmente desa­parecer, lo que llevaría su valor a cero. También hay opiniones a su favor porque calibrar factores de comportamiento –como la confianza– a las criptomonedas es complicado. No son solo una moneda con una oferta y demanda cambiaria. Son también un soporte de almacenamiento de valor y, lo que es más distintivo, una red o protocolo tecnológico con costes y beneficios de producción muy distintos a los de una moneda convencional.

¿Estamos en un momento de exuberancia irracional criptocambiaria o en los albores de una incursión tecnológica que puede cambiar el mundo financiero? Como en todo fenómeno de renombre hoy en día, se mezclan churras y merinas. Si bien estas ovejas, sean cuales sean, no paran de llamar la atención. Para los bancos centrales, constituyen una opción para articular la reducción de uso de efectivo o para pagos mayoristas y minoristas más rápidos, eficientes y seguros. No obstante, se plantean no pocas opciones de desarrollo de las llamadas monedas digitales de los bancos centrales (CBDC o central bank digital currencies). Pero este será, por la abrumadora complejidad del cambio operativo, un desarrollo muy de largo plazo.

Lo que fenómenos como el enorme interés por los CBDC ilustran es que, probablemente, las criptomonedas han fracasado (de momento) como medio de pago pero tienen un valor como depósito de valor. El romanticismo de que un programador solitario pudiera minar y ganar dinero con bitcóins se acabó hace tiempo. Ahora son granjas de minado de decenas de miles de máquinas para la resolución de algoritmos las que hacen ese trabajo. La riqueza minera se concentra. Sin embargo, toda esa acumulación de valor no altera el panorama monetario internacional cuantitativamente… aunque sí inquieta cualitativamente. Aún no parece divisable el momento en que los Gobiernos empleen reservas de criptomonedas para proteger sus intereses comerciales… pero es una posibilidad.

Hoy se quiere valorar las criptodivisas con modelos de la teoría cuantitativa cuasi primitivos. Se trata de aproximar cuál es la masa monetaria de la divisa en cuestión, las veces que cambia de manos (su velocidad de circulación), su precio y el volumen de transacciones realizadas. Todas variables muy complicadas de estimar en un mercado donde al menos el 40% de las tenencias de criptoactivos no se mueven (permanecen como valores en reserva) y la equiparación con el oro o el dólar son demasiado abruptas. Se precisa de modelos que aproximen el valor de producir y mantener en circulación estas criptomonedas, de teorías que computen las economías de red y los costes de producción. Que reconozcan que muchas de estas divisas ya no tienen sentido como medio de pago por su coste tecnológico y energético. Hay avances pero queda mucho por hacer para arrojar luz sobre este fenómeno.

Santiago Carbó / Francisco Rodríguez son Director ejecutivo e Investigador, respectivamente, del Observatorio de la Digitalización Financiera de Funcas

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