Forward guidance político

Publicado en El País el 19 de noviembre de 2019

En todo el mundo se observa sobrerreacción de los mercados a cualquier gesto que pueda ser interpretado como generador de inestabilidad económica o financiera. Son frecuentes los desmentidos y aclaraciones tras un anuncio, tuit o rumor político desestabilizador. Tiene mucho que ver con un exceso de ganas de agradar sin suficiente reflexión. Lo escribía Benedetti: “Una cosa es evidente: si, por un lado, las actitudes extremistas provocan entusiasmo, arrastran a los otros, son índices de vigor, por otro, las actitudes equilibradas son por lo general incómodas, a veces desagradables y casi nunca parecen heroicas”. No son actitudes nuevas pero, a la velocidad que viaja la información hoy, si además se retuerce y manipula, se genera una sensación de pérdida de rumbo con efectos perniciosos.

Es tentador pensar que eso deberían ser, por ejemplo, los programas electorales, una guía de acción. Donde un forward guidance político adquiere importancia es en su capacidad de establecer unas pautas básicas o, dicho de otro modo, unas líneas rojas cuando son necesarias coaliciones con diferencias políticas significativas. Sucede ahora en España pero ha ocurrido frecuentemente en Alemania, por ejemplo.

La pérdida del equilibrio es habitual. Pasa en EE UU ya con los mensajes de posibles candidatos para las elecciones de 2020. Pasa en Italia cada vez que se echa un órdago a la UE. Y también en las elecciones del Reino Unido, donde las posturas son más enconadas que nunca y no solamente en términos de Brexit.

En España, respetando todas las opciones políticas, considero que es importante que, al igual que los bancos centrales pueden calmar a los mercados, todos los políticos deberían tener un forward guidance cuando tienen una responsabilidad o la posibilidad de tenerla y así no tomar decisiones que puedan dañar al país y su economía en el medio y largo plazo.

No creo que ningún partido ni ciudadano aspire a una bolsa de valores a la baja, a perjudicar a su sistema financiero nacional o a un mayor riesgo-país. Establecer esos parámetros básicos es una premisa que corresponde a todos los políticos y, más aún, a los que se encargan del Gobierno de un país. Presupone una habilidad para lidiar con un entorno político polarizado donde las propuestas que chirríen son más probables y la necesidad de enfriarlas más importante.

Cuestiones como la sostenibilidad presupuestaria, la estabilidad financiera y la credibilidad internacional deben garantizarse por todos, sin que haya espacio para el rumor o dejar demasiado tiempo abierta la duda. Yo no lo veo como una imposición del mercado, sino del sentido común que requiere una sociedad del bienestar que aspira a seguir siéndolo.

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