¿Qué deuda queremos?

Publicado en El País el 21 de abril de 2020

El Banco de España pronosticó este lunes que el PIB caerá este año entre el 6,6% y el 13,6% y colocó al turismo como sector particularmente afectado. El Estado parece la única tabla de salvación. Hay que sacar la artillería fiscal sí o sí. La resolución es compleja, pero la pregunta es simple: ¿qué uso de la deuda pública queremos? En la crisis de 2008, la financiera, los que salieron antes (Estados Unidos y Reino Unido) fueron los que optaron por ayudas rápidas y contundentes. Eso sí, orientadas al centro de los problemas tanto de los bancos como de la economía real.

En España, gastar genera dudas. Una inquietud que transpira en la coalición de gobierno. Dilemas varios entre incentivos, financiación o ayudas. Entre temporalidad o permanencia. La regla en momentos de urgencia es que lo que se gaste sirva para eso, para lo urgente. Y reducir su incidencia temporal.

En la crisis financiera había un sector especialmente afectado, la construcción, intensiva en mano de obra, lo que disparó el desempleo. En la crisis actual hay temores por sectores estratégicos, como el turismo, primera industria del país. Podría verse negativamente afectada hasta bien entrado 2021. También ocurrirá en otros países con una menor incidencia de la covid-19, pero con las mismas dependencias, como Grecia.

El dinero no abunda. La semana pasada se vieron las primeras tensiones apreciables en la subasta de Letras del Tesoro a 12 meses. El mercado ya parece descontar la falta de suficiente apoyo europeo, las desviaciones fiscales acumuladas y las vulnerabilidades del modelo productivo ante esta pandemia. Vienen tensiones de riesgo soberano nuevamente. Sin apoyo europeo, habrá que acometer gasto con toda la fuerza que induzca a apoyar el turismo, mejorar el sistema productivo y propiciar mejoras de productividad.

Las transferencias a las familias son urgentes ahora, pero deben ser temporales y centradas en quien realmente lo necesita. Me preocupa el actual enfoque del ingreso mínimo vital. Por ejemplo, deberían permanecer los incentivos para incorporarse al mercado de trabajo y dinamizarlo cuando pase el efecto de la covid-19. Que, además, es como una pescadilla que se muerde la cola, porque si no aplicamos bien el gasto ahora, su efecto será más duradero y traerá más deuda poco productiva. Este virus puede ser de ida y vuelta, pero la economía no puede permitirse vivir en la intermitencia.

El gasto más urgente es el que apuntala la base sanitaria, el que permitiría prevenir o lidiar adecuadamente con nuevas oleadas. Junto a él, el “puente” de financiación y subsidios temporales para los colectivos desfavorecidos, así como autónomos y empresas paralizadas. En cuanto al turismo, son meses en los que vamos a vivir en una economía cuasi cerrada de facto.

Necesitaremos ideas y apoyo del sector privado también. Por ejemplo, como los bonos vacacionales que se manejan en Italia, para gasto con descuento o crédito con ventajas fiscales en el sector hostelero patrio. Tampoco puede olvidarse el transporte aéreo y otros sectores estratégicos sensiblemente afectados. Asistirlos para que vuelvan a transitar solos después. ¿Más deuda pública, entonces? Sí, pero bien usada.

 

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