Sinfonía del plan

Publicado en El País el 28 de abril de 2021

    Criticar es deporte nacional. Seguramente hay motivos para ello a menudo y en muchas ocasiones una intención constructiva. Para la economía española, el momento es de urgencia. Existe ya un Plan que ayer aprobó el Consejo de Ministros y que será enviado a Bruselas el viernes para su aprobación, con la vista puesta a que, en verano, lleguen los primeros fondos. Puede que adolezca de falta de concreción pero, en este momento, tal vez nos baste con unas líneas directrices y, sobre todo, que sea ambicioso. Avanzar en torno a un plan no es una cuestión despreciable por dos motivos. En primer lugar, los criterios de gasto vienen marcados por la UE y son distintos a los habituales, más transformativos. En segundo lugar, el sector empresarial español se ha involucrado para promover “proyectos tractores”.  No muy lejos de aquí, otro de los grandes receptores de fondos europeos, Italia, con el muy reputado Mario Draghi a la cabeza, pretende modernizar su país, con un plan que no difiere tanto del español en concreción pero que identifica sin complejos problemas estructurales sin tapujos. En ambos territorios, la credibilidad y profundidad de la acción va a depender de su control y de reformas aparejadas) e incentivos que acompañen al gasto.

El Plan aprobado supone un movimiento muchas veces ansiado y que la aritmética electoral ha hecho casi imposible hasta ahora: poder incrementar partidas de gasto que los economistas han considerado, hasta ahora, más prioritarias que los políticos (investigación, digitalización, formación o sostenibilidad ambiental) sin que esto vaya en detrimento de los gastos habituales (gasto social y sanitario, por ejemplo). Los porcentajes de gasto son como los colores, van por gustos y según cómo cada cuál hubiéramos diseñado el plan. Tal vez hubiera sido preferible poner algo más en I+D, que solamente se lleva un 7% del gasto. Esta distribución se puede mejorar aún si las partidas dedicadas a sostenibilidad y digitalización -que son mayoritarias- estimulan la investigación aplicada.

 Los grandes enunciados del Plan lógicamente suenan bien aunque habrá que esperar a conocer todos los detalles en unos días. Se habla de 110 inversiones y 102 reformas. Los llamados “macroplanes tractores” incluyen el coche eléctrico, la rehabilitación de edificios y el 5G, pero también la preservación de recursos hídricos o la economía de los cuidados. Todos y cada uno de ellos deben tener los incentivos adecuados para que el gasto no sea cosa de un día, sino que perduren y generen su propia inercia. Desde la posibilidad de cubrir energéticamente un parque eléctrico de vehículos hasta la cobertura y coste para el ciudadano de acceder al 5G son cuestiones cruciales.

Por último, España no podrá alejarse de las medidas transversales que ya han tomado otros países con los que competimos en todo (Italia, Portugal), que se han adelantado a anunciar reducción de impuestos a corto plazo y mejores incentivos, como eliminación de burocracia. Las acciones futuras de política económica deben estar coordinadas dentro y fuera del país para que sean un todo sinfónico y no terminen siendo un “collage” algo desafinado, con resultados desiguales.

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